Wolfgang Amadeus Mozart

Salburgo 1791, Grabado de Anton Amon - Mozart tocando el piano y Thomas Linley al violin, Florencia, 1770 - Ana Maria Mozart, 1775 - Leopold Mozart - W.A.Mozart, 1763. Pintado probablemente por Pietro Antonio Lorenzetti - W.A.Mozart, 1770. Pintado por Saverio della Rosa

Bibliografia

Mozart Camino de Praga
Eduard Mörike. Ed: Alianza Editorial
1791 El último año de Mozart
H.C. Robbins Landon. Ed Siruela
El difunto Kapellmeister Mozart
Gabriel Jackson. Ed: Muchnik Editores, S.A.

¿Realmente falleció de Fiebre Reumática, de una Púrpura de Schönlein-Henoch, o fue envenenado?

Si de Beethoven se posee abundante información clínica recogida por médicos de la época, la información que poseemos sobre la enfermedad y la muerte de Mozart es incompleta y en muchos casos  poco fiable. A este hecho se añaden la falta de autopsia así como  las circunstacias de su extraño entierro (en una fosa común) y la ausencia de recogida de datos hasta muchos años después de su fallecimiento. Por tanto, la última etapa de su vida representa uno de los capítulos más fantásticos para los historiadores y admiradores del músico. Creció en el centro de atención de una familia bien acomodada. Leopold Mozart era un violinista y compositor de talento que dedicó todas sus energías a la educación del niño prodigio. Wolfang era pequeño, delgado, de complexión pálida y enfermiza.

Pronto se convirtió en un hombre maduro y pensativo, y en un trabajador infatigable (a pesar de su imagen frívola e inmadura). Hasta en los últimos días de su vida, débil y enfermo, continuó trabajando en numerosas composiciones entre otras en el Réquiem, encargo de un noble alemán que tenía el extraño hobby de comprar obras que posteriormente interpretaba y hacía pasar por propias. Solía permanecer en el anonimato, valiéndose de mensajeros, que se encargaban de pagar y controlar la evolución de las obras. Durante esta tarea Mozart, ya muy enfermo, a menudo llegaba a un agotamiento absoluto y se desmayaba.

El Réquiem quedó incompleto y estuvo dando órdenes a su pupilo Süssmayr que acabó la obra, hasta el último día de su vida.

La idea de que lo escribía para su propia muerte se iba haciendo cada vez más insistente «…No voy a durar mucho más. Estoy seguro de que me han envenenado con acqua toffana (compuesto a base de arsénico). No puedo librarme de estos pensamientos». Esta teoría de la muerte por envenenamiento se basa en la enemistad creciente con su contemporáneo Salieri y en las extrañas circunstancias en las que se le encargó el Réquiem.

Existe la hipótesis de un envenenamiento por mercurio, medicamento que en la época se usaba frecuentemente para el tratamiento de enfermedades venéreas (sobre todo la sífilis) o por arsénico. Dicha hipótesis, unida a la afirmación de Mozart de que Salieri deseaba envenenarlo, creó una leyenda recogida por el escritor Pushkin en la obra «Mozart y Salieri», y retomada en nuestros días por el teatro y el cine (Amadeus de Milos Forman, 1984).

No obstante, son pocos los investigadores, que apoyan la muerte por envenenamiento, ante la escasez de datos clínicos compatibles con intoxicación por alguno de estos dos compuestos químicos.

Pero si Mozart no fue envenenado ¿de qué murió?. La opinión médica más generalizada es que murió de Rheuma inflammatorium o fiebre reumática. Un buen número de los habitantes de Viena sufrían en aquel momento la misma enfermedad, y el número de casos mortales fue considerable.

En 1762, contrajo una infección estreptocóccica en las vías respiratorias superiores. Tras ello, le apareció un eritema nodoso y posteriormente sufrió un “leve ataque de fiebre reumática”. Durante sus viajes por centroeuropa, padeció frecuentes “ataques de reuma” tras amigdalitis, a pesar de ello su padre lo obligaba a tocar aún cuando le dolían todas y cada una de las articulaciones de los dedos.

En 1765, estuvo en coma y perdió mucho peso. Los síntomas incluían “toxemia aguda, bradicardia, delirios, erupción cutánea, neumonía y exfoliación hemorrágica de la membrana mucosa oral”.

Es en 1784, año en que sufrió una enfermedad grave en Viena, cuando se puede empezar a buscar indicios de los motivos de su muerte siete años más tarde. Los síntomas consistían en unos cólicos terribles que acababan en vómitos violentos, y fiebre reumática inflamatoria.

Aproximadamente un año antes de su muerte (verano de 1790), Mozart padecía jaquecas y “ataques de reuma” y a menudo estaba deprimido. Su enfermedad final, postrado en cama, duró quince días. Comenzó con una hinchazón de los pies y de las manos, junto con una incapacidad casi absoluta para moverse. Llegado a este punto se desconoce si realmente era una poliartratis o se trataba de una anasarca por insufiencia renal o cardíaca (o en última instancia de ambas).

Las conclusiones del Dr. Davies (estudioso del S XX sobre las causas del fallecimiento) son que se complicó con el desarrollo del Sdr. de Schönlein-Henoch, provocándole una glomerulonefritis crónica que le llevó a un fracaso renal terminal. La nefritis y la hipertensión no se conocían en el siglo XVIII (entonces no se contaba con mecanismos que permitieran medir la temperatura corporal ni la presión arterial).

Pero según la Dra. Faith Fitzgerald, de la Universidad de California, Mozart falleció a causa de la fiebre reumática de entre los 118 diagnósticos sobre su muerte de Mozart que se han llegado a postular.

Explicó que a finales de 1791, durante una epidemia de fiebre, Mozart desarrolló fiebre de forma repentina, con dolor de cabeza, sudores e inflamación con dolor grave en manos y pies. Dos semanas después, la inflamación afectó a todo el cuerpo y presentó náuseas, vómitos, diarrea y exantema persistente. Después cayó en coma y finalmente murió. En todo caso, ya fuera por fracaso renal o por insuficiencia cardíaca, todos los estudiosos están de acuerdo, en el hecho de que las sangrías practicadas, tan frecuentemente utilizadas en esa época, sólo consiguieron acelerar su fallecimiento.

Dra. Pilar Trénor
Valencia, 2006