Pierre Auguste Renoir

Evolución de la enfermedad del pintor en sus últimos años. Les baigneuses (París, Museé d´Orsay), 1919. Última obra de grandes dimensiones, considerada por muchos como su testamento pictórico.

Bibliografia

Did Renoir's arthritis have a repercussion on his work? Saudan Y.
In: Appelboom T, ed. Art,history and antiquity of rheumatic diseases. Brussels: Elsevier, 1987:46-8.

Renoir, his art and his arthritis. Louie JS.
Ed. Art, history and antiquity of rheumatic diseases. Brussels: Elsevier, 1987:43-4

La artritis del pintor

Pocos personas saben que el pintor impresionista, Pierre-Auguste Renoir, sufrió los últimos 25 años de su vida una artritis reumatoide severa. Fue durante el 13º Congreso Europeo de Reumatología (Ámsterdam, 1995), cuando uno de los nietos del gran pintor, Mr. Paul Renoir, reveló datos inéditos sobre la Artritis Reumatoide que su abuelo sufrió.

Realmente no hay duda sobre su padecimiento, aunque no hay certeza de la edad de inicio.
La primera referencia en la literatura apunta que Renoir sufrió los primeros achaques a los 44 años de edad, coincidiendo con el nacimiento de su primer hijo, Pierre Renoir en 1885. Ello hizo que el pintor cayera en una depresión que ya no le dejó hasta su muerte. Algunos autores creen que comenzó unos años más tarde.
A los 49 años, cuando ya estaba casado con su mujer, Aline Charigot. El pintor sufrió entonces un fuerte brote reumático acompañado de una parálisis facial. Durante estos años, sus frecuentes contactos con Cézanne y otros amigos artistas le sirvieron para recobrar fuerzas para seguir con su vida y su obra.
Aunque no quedan apuntes ni informes médicos, se puede conseguir hacerse una idea razonable del curso evolutivo de la enfermedad gracias a estudios fotográficos, notas biográficas de personas cercanas y a notas propias del pintor.

Como muestra una fotografía tomada en 1896, cuando tenía 55 años, se observa claramente la tumefacción simétrica de las articulaciones metacarpofalángicas.

Cinco años más tarde, en 1901, cuando tenía 60 años de edad, todavía podía utilizar las manos, probablemente no tenía problemas para sujetar los pinceles, como observamos en la foto siguiente, dónde es capaz de sujetar de manera natural su pipa, por lo que suponemos que mantenía buena fuerza de prensión y podía cerrar la mano adecuadamente.

Pero la artritis comenzó a ser más agresiva y dos años más tarde se observa un cambio dramático sobre la desviación cubital de sus manos y la posición en flexo de los dedos, con rotura de los tendones extensores de los dedos y anquilosis de la muñeca. No está muy claro si la afectación del hombro derecho que también resultó en anquilosis, se debió a una fractura de húmero. A los 71 años, las manos eran escasamente funcionantes pero a pesar de ello y según su nieto, produjo más de 400 pinturas.
Realmente hay muchas imágenes de las manos de Renoir, pero no del resto de las articulaciones. Se sabe que utilizaba bastón para caminar y posteriormente se tenía que manejar con dos muletas (tenía problemas para encontrar calzado por deformidad de pies y que desarrolló un flexo de ambas rodillas).

Se piensa que la parálisis que comenzó a padecer hacia los 71 años de edad, se debió a una mielopatía cervical relacionada con la artritis reumatoide (quizá una subluxación atlo-axoidea). Desde entonces ya no pudo caminar más. Recogido en su casa de Cagnes-sur-Mer desde 1903, los últimos años de su vida los pasó sentado en un sillón, absolutamente inválido. Su técnica cambió, obligado a mover el brazo sólo para pinceladas cortas y enérgicas. Mandó hacer un caballete en el que podía enrollar sus lienzos; así podía pintar en formatos mayores. Se ha dicho y se ha escrito que le ataban los pinceles a las manos; esto es absolutamente falso. Lo que sí es cierto es que se colocaba gasas para evitar la maceración de las palmas de las manos en continuo contacto con las yemas de los dedos ya que prácticamente las tenía con forma de muñón.

También sabemos que se trataba de una artritis reumatoide nodular (que le fueron extirpados en numerosas ocasiones) y que se acompañó de otras manifestaciones extraarticulares (pleuritis y parálisis facial) asimismo sufría de un sudor por síndrome constitucional que le llevó a una extrema caquexia.

Con respecto a la terapia recibida, se basó en ejercicio físico, purgas y antipirina, un derivado de las pirazolonas. No obstante, al parecer limitaba su uso por que temía que le perjudicara en su creatividad artística.
También pasaba largas temporadas con su familia en algunos balnearios del Sur (Vichy, Bourbonne-les-Bains, y Aix-les-Bains) para beneficiarse del calor. Renoir creía que estas visitas eran realmente beneficiosas para él. Por ello, cuando ya no pudo desplazarse, se hizo construir la casa de Les Collettes, en Cagnes-Sur-Mer, cerca de Niza, donde pasaba largos ratos al aire libre, entre olivares.

El pintor no se hallaba bien física ni psicológicamente, pero esto no le impidió seguir pintando y viajando.En 1915, el primer verano de la posguerra Renoir visitó la tumba de su madre en Essoyes, y después viajó de nuevo a París. Condujeron al pintor, que contaba con 78 años, en la silla de ruedas a sus cuadros favoritos del Louvre, de François Boucher, Delacroix y Corot, y a Las bodas de Caná de Veronés, pintura grande y rebosante de color, junto a la que, de acuerdo con el deseo de Renoir, en un sitio de honor, colgaba su pequeño estudio con el retrato de Madame Charpentier de 1877.

Vuelto a Cagnes continuó pintando hasta terminar su composición Descanso tras el baño y una naturaleza con manzanas. El 3 de Diciembre de 1919, tras una fuerte pulmonía, Renoir murió. Sus últimas palabras, como recoge su hijo, Jean Renoir, dicen mucho del espíritu luchador del pintor:
Hoy he aprendido algo

Pilar Trénor
Valencia, 2007