Los biológicos mejoran la calidad de vida de los pacientes reumatológicos, pero se deben controlar las infecciones asociadas

Los modernos tratamientos biológicos aparecidos durante la última década en el campo de la reumatología incrementan el riesgo de determinadas infecciones respecto a los pacientes no tratados con esta familia de fármacos, pese a su gran aportación en el control terapéutico de las enfermedades reumáticas inflamatorias (artritis reumatoide, artropatía psoriásica y espondilitis anquilosante), y la evidente mejora en la calidad de vida de los pacientes reumatológicos, según han concluido hoy los expertos de la Sociedad Valenciana de Reumatología reunidos en Benicàssim.

Castellón (16-04-11) – El doctor Miguel Salavert ha advertido de los riesgos que supone la administración de fármacos biológicos si no se tiene en cuenta la aparición de estas complicaciones infecciosas. “Pese a su bondad, -ha remarcado- el beneficio terapéutico que estas terapias aportan a los enfermos obliga a “pagar este peaje” como precio a la disfunción inmune que causan”. En concreto, los últimos estudios confirman que los pacientes con artritis reumatoide aumentan el riesgo de padecer infecciones hasta casi diez veces más que otros tratados con fármacos diferentes, como los FAME (fármacos modificadores de la enfermedad). Las infecciones que pueden estar en estado latente en estos enfermos pueden activarse dando lugar a una enfermedad plenamente desarrollada, con potencial gravedad para el paciente. Es por ello que el reumatólogo, antes de iniciar un tratamiento biológico, realiza el despistaje de estos procesos infecciosos, adoptando las medidas preventivas necesarias.

“No olvidemos, -ha señalado- que las infecciones son una causa importante de morbilidad, y ocasionalmente, de mortalidad, en pacientes con enfermedades reumáticas”. Las infecciones de orina, las artritis sépticas, la osteomielitis y la infección de piel y de tejidos blandos son ejemplo de estas complicaciones infecciosas.

Los factores de riesgo que dan lugar a la aparición de infecciones en pacientes con enfermedades reumáticas también incluyen la edad del paciente, los años de evolución de la dolencia, las comorbilidades asociadas como la diabetes u otros tratamientos recibidos, muy especialmente los corticoides.

Salavert ha incidido en lo que en la práctica médica realizan los reumatólogos: cuando aparecen infecciones, se retiran los tratamientos biológicos, sustituyendo estos fármacos por otros medicamentos que también actúan positivamente sobre la enfermedad reumática sin aumentar el riesgo de infecciones.

Respecto a las vacunaciones, el doctor Salavert aconseja que se realicen en el primer momento de diagnóstico de la enfermedad reumática, es decir, antes de recibir fármacos modificadores de la enfermedad, terapias inmunosupresoras o agentes biológicos que lo inmunocomprometan más aún que la propia enfermedad reumática de base. “Pero, en muchos casos, -ha advertido-, no hay más opción que simultanear la indicación de vacunas con el tratamiento farmacológico de la enfermedad reumática”. Debe subrayarse la importancia de evitar las vacunas constituidas por agentes vivos o vivos atenuados, las cuales están formalmente contraindicadas en pacientes inmunodeprimidos por las terapias con agentes biológicos.

Muchos de estos riesgos infecciosos promovidos por determinadas terapias biológicas pueden ser minimizados y controlados con estrategias de prevención y de profilaxis, complementarias a las vacunaciones, ha concluido.