Gota: más vale no tratarla que tratarla mal

No obstante, pueden afectarse otras articulaciones y también pueden depositarse estos cristales en la piel (ocasionando los conocidos “tofos”) y el en riñón, produciendo cólicos nefríticos. Su causa es el aumento de ácido úrico en sangre (hiperuricemia) y siempre se ha relacionado con personas con vida sedentaria y buenos comedores y bebedores. Es una enfermedad frecuente en los hombres, siendo rarísima en las mujeres antes de la menopausia.
Actualmente, disponemos de tratamientos eficaces para mejorar la sintomatología del paciente con gota, normalizando los niveles de ácido úrico en sangre, con lo que evitamos la afectación articular, de piel y renal.
¿Por qué aumenta el ácido úrico?
Por exceso de producción en el organismo o porque se elimina menos por la orina. Enfermedades como la psoriasis y algunos fármacos como los diuréticos – tratamiento habitual de la hipertensión-, pueden elevar el ácido úrico, que se deposita en forma de cristales en articulaciones, piel y riñón.
¿Por qué aparecen los síntomas?
Los cristales “inflaman” las zonas donde se depositan, y si no se trata correctamente, llegan a destruirla zona afectada.
La artritis gotosa es la manifestación clínica más frecuentes, siendo la más representativa la “podagra”. Se produce  dolor con importantes signos inflamatorios, de forma que solo el roce de la sábana o el calcetín, son molestísimos. Si no se trata, se van produciendo repetidos brotes de gota, ocasionando al final, importantes destrucciones articulares y deformidades. Con frecuencia se afectan el pie, la rodilla, etc.
En la piel, los depósitos crean “tofos”, bultos blanquecinos en los dedos, orejas o codos fundamentalmente.
En el riñón, se producen litiasis de ácido úrico, siendo mucho más rara la insuficiencia renal.
¿Por qué aparecen las crisis de gota?
Es conocida la íntima relación con excesos de comida y sobre todo de bebidas alcohólicas, incluyendo la cerveza, incluso sin alcohol (por su aporte de purinas). Con gran frecuencia, los pacientes gotosos son obesos y tienen alterados los lípidos (colesterol y triglicéridos), influyendo quizá en estos casos el aumento en la producción de ácido úrico. Algunas veces, la gota es secundaria a enfermedades con mayor destrucción celular como la psoriasis y ya hemos hablado de la íntima relación con la toma de diuréticos.
¿Cómo diagnosticamos la gota?
El diagnóstico cierto, se hace viendo los cristales de ácido úrico en el microscopio, bien en el líquido articular extraído o en los tofos, aunque en muchas ocasiones se diagnostica por la clínica y elevación de ácido úrico.
Es importante resaltar que la elevación de ácido úrico sin clínica compatible, nunca debe ser diagnosticada de gota, es decir, que una persona puede tener elevado el ácido úrico y no por ello tener gota ni precisar tratamiento.
¿Cómo se trata la gota?
Debemos distinguir dos situaciones:
– tratamiento de la crisis de gota y
– tratamiento de la hiperuricemia.
Las crisis de gota se tratan con antiinflamatorios y colchicina, recordando que la colchicina puede ocasionar diarrea y que con los antiinflamatorios debemos tomar las precauciones habituales.
Es fundamental normalizar los niveles de ácido úrico, evitando fármacos que lo aumenten (diuréticos). Si existe obesidad, normalizaremos el sobrepeso y las alteraciones de los lípidos (colesterol y triglicéridos). El someter al paciente a dietas rigurosas, disminuye muy ligeramente los niveles de ácido úrico, pues los alimentos “prohibidos”, se toman muy raramente (vísceras, marisco, etc.). En cambio, es indispensable evitar la toma de alcohol, insistiendo en la inclusión de la cervez. Disponemos de fármacos que disminuyen la formación de ácido úrico (alopurinol) y otros que aumentan su eliminación urinaria. Su médico decidirá cual es el tratamiento más correcto. Al iniciar el tratamiento, siempre asociaremos durante meses colchicina, para evitar nuevos “ataques” de gota.
Hay que anunciar al paciente que el tratamiento médico va a ser prácticamente para toda la vida. Si el enfermo suspende y reinicia el tratamiento de forma repetida, va a tener repetidos brotes por la movilización de cristales. Solo en raras ocasiones, si se disminuye el peso, se elimina el alcohol y se mantiene la dieta, el paciente puede necesitar menos tratamiento e incluso suspenderlo.
Recordar que el aumento de ácido úrico sin síntomas, no es gota ni debe tratarse, salvo niveles muy elevados que podríamos limitar en 12mg.